jueves, agosto 25, 2005

Una llamada

Hoy me he levantado esperando una llamada importante. Como me imaginaba que la recibiria cuando estuviera en la ducha, con la sartén al fuego o algo similar, he pasado el dia como otro cualquiera... desayuno, estudio, regar al pez, dar de comer a las plantas... ups, vic, despierta!!!, hacer la comida (mierda! se me olvidó otra vez descongelar la carne...), volver a estudiar... vamos, lo normal estando solo en casa. (Por cierto, como saben las madres cuanta agua "beben" las plantas??? porque a mi ni me dicen basta ni me dan las gracias ni na... y no hay manual de instrucciones por ningun lado!).

El caso es que, al final de la tarde, me he dado cuenta de que no han llamado. Estaba pensando en eso cuando justo, recibo una llamada al movil "... si mamá, tus plantas? bien, bien... (creo), ... yo tb te quiero". No, no era esa la llamada que esperaba.
Tras parar de estudiar un rato me doy cuenta de que hoy no voy a recibir esa llamada. Para qué estar esperando pues???

Asique decido darme una vuelta. Una vuelta que me ha sentado genial... he visto a unos viejos amigos, he hablado con gente que hacia mucho que no veia... y algún encuentro inesperado y agradable más. Unas compras, un paseo por Independencia, plaza España, Coso... una tarde maja, con sol, temperatura agradable, las terrazas llenas de personas que charlan animadamente, los parques del campus bastante tranquilos, con parejas de jóvenes (y no tan jóvenes) andando sin prisas, disfrutando de la tarde, perdidos en pensamientos privados que fácilmente se intuyen, madres paseando con carritos sin prisas. Las pequeñas calles del barrio están tranquilas, no hay mucho tráfico, los niños pequeños juegan sin preocupaciones en las calles, llenas de emigrantes que hablan tranquilamente sentados en los portales o en los bancos de los pequeños parques... una tarde verdaderamente tranquila, un paseo que me ha llegado a relajar bastante.

Llego a casa, pongo en la cadena musical el nuevo cd, le doy el volumen justo, una gran banda sonora, si señor... Abro las ventanas, el cierzo que corre hoy por Zaragoza es agradable, me dirijo a la cocina en búsqueda de algo-con-chocolate en la nevera. Ando por el pasillo hacia mi cuarto, enciendo el ordenador, abro la ventana y noto el aire que me envuelve. Me encanta esta corriente que hay... ni fria ni caliente, agradable. ¿¿¿...??? vulevo tras mis pasos, llego al salón y miro el teléfono. No. No ha habido ninguna maldita llamada. Joder. Miro el móvil. Tampoco. Me siento en el sofá. Escucho una música agradable mientras me termino lo único que he encontrado con chocolate en la nevera, y miro como el cuarto está inundado de un color rojizo, provocado por el atardecer, por ese sol que se va escondiendo tras el Moncayo.

Mierda. No hay llamada... Que le jodan. Llevo esperando hace mucho una llamada, que no se ha producido tiempo atrás, ni hoy, y sé que tampoco se producira mañana... y quizás nunca. ¿Qué más da? Estoy cansado de esperar algo que nunca sucederá... enfadado, no; ¿decepcionado?, puede, pero no importa ya. Esa llamada no ha logrado arrebatarme esta tarde. Estos minutos de respiro que me he dado esta tarde han logrado que me olvidara de la llamada, y que vea que no merece la pena.

Puede que nunca la reciba, pero ya no importa. He decidido vivir y no estar pendiente del teléfono, ni de tí. No importa si nunca la recibo, hoy he aprendido que no merece la pena. No te guardaré rencor ni odio, no vale la pena, te recuerdo que siempre te lo decía. Ya no insistiré más, conoces mi número. Si algún dia decides llamar, ya no te estaré esperando, aunque sabrás cómo localizarme si quieres.

Hasta siempre.

2 comentarios:

"Chel" dijo...

A mi también me gustaría reunir el valor suficiente como para decirle eso a una persona, pero soy totalmente incapaz, aunque mi cabeza diga una cosa mi corazón sigue esperando... qué le voy a hacer... supongo que con el tiempo dejará de hacerlo...

un besito ^^

Anónimo dijo...

El tiempo, al igual que las manecillas de un reloj, no se para, sigue su curso. La vida no debe de ser algo muy distinto, puedes hacer pequeñas pausas pero no detenerte.