Estos días no he parado con la semana de orientación que tienen preparada aquí. La verdad es que lo tienen muy bien organizado.
En fin, que dejo la vagancia a un lado y empiezo a escribir cosicas por aquí.
Llevo una semana aquí, y aún no tengo la respuesta a la sencilla pregunta de cómo empezó todo. Nunca me había planteado ir a un país cuya lengua no conociera, y menos para estudiar cosas en otra tercera lengua. Pero no está mal la experiencia, aprendo la lengua propia del país y además practico mi inglés, dos pájaros de un tiro.
Nada más bajar del avión al llegar a Luleå, te encuentras con éste paisaje:


Con lo que te preguntas dónde narices te has metido, si parece que estés en mitad de un bosque. Y es que es así, la ciudad está tal cual en mitad de la naturaleza, o la naturaleza en mitad de la ciudad, como quieras.
Pero no está mal, al bajar del avión notas que el aire es diferente, le falta la polución a la que puedes estar acostumbrado en tu ciudad habitual española. Es como si tuvieras una sobredosis de oxígeno.
Llega la primera noche, y es cuando te das cuenta de que estos suecos puede que no sean tan inteligentes. ¿A quién se le ocurrió la idea de diseñar un cuarto sin cortinas y orientado al este? Por suerte ya estaba avisado y me las apañé para poner una tela a modo cortina. Pese a eso a las 3 de la mañana notas que algo raro pasa, claro.

No es muy normal que a estas horas haya tan poca "oscuridad". Y menos normal me parece que el puñetero sol salga sin avisar a las 3 y poco, pero bueno, en ese momento decidí esconderme bajo las sábanas y pasé de hacer foto. Por suerte al segundo día ya te acostumbras y lo ignoras.
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