sábado, mayo 03, 2008

Viva la estupiedez

Un viernes por la noche, tras todo un dia de estudio, no está de más relajarse con unos amigos en una terraza de un bar cualquiera, y más aún con este tiempo, que ya empieza a notarse el calor.

La noche es buena, hay poca gente en el bar, en la terraza solo hay un par de mesas ocupadas a parte de la nuestra, por la plaza pasea la gente sin prisas y no hay excesivo tráfico en la calle, quizás sea el puente de mayo que se deja notar.

Llevamos un rato hablando de nuestras vidas, hablando de viejos viajes y poniéndonos al dia de nuestros futuros planes. De fondo un ligero murmullo de las conversaciones que llegan de las otras mesas, mezclado con el ruido de la calle y el calorcillo crea un ambiente relajado. Aparece una baraja sobre la mesa, una clara propuesta de una amiga para jugar una tranquila partida.

Tras un rato de juego, se nos acerca el camarero y nos dice que está prohibido jugar a las cartas. Algo no me cuadra... podemos estar horas hablando de nuestras cosas y no podemos jugar con unas tristes cartas? Con nuestras propias cartas? Miro a ambos lados, las mesas están vacias, apenas hay clientes a estas horas en el bar. Miramos al camarero, que se larga de inmediato, sin creernos todavía lo que acabamos de oir.

Al rato vuelve a pasar el camarero camino a la barra, y cuando pasa por nuestra altura nos dice, sin detenerse, un intento de disculpa casi en un susurro, con una mirada esquiva, argumentando que es cosa de su jefe.

No le damos importancia, ya sabemos que la estupidez humana no tiene límites. Puede que él no tenga la culpa y sea un mandado de sus jefes, no importa, la estupidez se propaga, es una propiedad inevitable.

Nota mental: no volver a pisar el café Río de la Plata, situado en la Plaza Roma, al menos hasta que recobren un poco el sentido común, cosa que dudo que pase.

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